Hace unos días me encontré con un viejo amigo, aunque teníamos diferentes edades nos llevamos bien (él es más chico que yo por 2 años).
Como todas las mañanas al salir de casa espero a tomar el camión que va hacia el metro de la ciudad de México. subí y pague mi pasaje, como todos los días de la semana van llenísimos, poco a poco fue disminuyendo la gente y me recorría hasta llegar a la mitad. Saque mis audífonos y comencé a escuchar música, en el momento que fije la mirada hacia el suelo reconocí su cabello (extraño) era oscuro y medio quebrado, me pregunte: ¿será?
Así pasó el tiempo hasta que levanto su cabeza y me miró, con su rostro al igual que el mío, me dijo;
¡Qué onda! ¿Cómo estás? Yo sin palabras le respondí con una sonrisa, "hola" "bien que milagro"
Comenzó a reír y dijo; milagro tú, que te escondes y no te dejas ver, pues yo estoy viviendo de nuevo por tu casa me siguió diciendo.
Con mi cara aun de asombro, le pregunte, ¿vas a la escuela? soltó una carcajada y me dijo "¿Escuela?" "no para nada, voy al trabajo". Con mi cara de vergüenza le dije "¿trabajas?" dijo el "si, como poder estudiar cuando tengo una familia que mantener" rio en ese momento.
En mi cabeza pensé infinidad de cosas como; ¿en que momento paso? ¿Cuándo crecimos? y recordé que ya no éramos esos niños que jugábamos juntos nos peleábamos reíamos etc.
Siguió pasando el tiempo y miro mi mano, pregunto; ¿Es tu anillo de compromiso? "si" le dije.
"órale y para cuándo?" me contestó, ya casi un mes más y seré una señora salió mi risa y de él recibí felicitaciones y buenos deseos, en ese momento se levantó y se despidió,
"Bueno me tengo que ir" dijo me miro y dio un abrazo y cometo que le daría gusto volverme a encontrar, quizás en un mejor lugar para charlar me dijo también que tenía muchas cosas que contarme. Llego al sitio donde se tenía que bajar y se volvió a despedir un adiós basto para decirle, no te olvides de hablarme yo también tengo mucho que platicarte.





